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¿Realmente valen la pena los mercados privados? Lo que la última investigación de PitchBook dice a los inversores

Por Antwort Research and Portfolio Management

Durante décadas, los mercados privados han gozado de un aura de exclusividad y de supuesta superación del mercado. La promesa: mayores retornos, mejor diversificación y acceso a oportunidades inaccesibles en los mercados públicos. Fundaciones y fondos de pensiones marcaron el camino y ahora también los inversores privados —de family offices a patrimonios individuales— se están sumando.

Pero, según el último informe Allocator Solutions de PitchBook, “Are Private Markets Worth It?” (T4 2025), los inversores deben separar el relato de los números.

El estudio analiza qué habría ocurrido si un portafolio público 60/40 hubiera asignado 20 % a buyouts (capital privado/Private Equity), deuda privada, venture capital (capital riesgo) o inmobiliario privado entre 2000 y 2024. Utilizando flujos de caja reales de fondos, ritmo de compromisos (pacing), ajustes por apalancamiento y valoraciones “des-suavizadas”, la investigación busca responder a una pregunta aparentemente simple: ¿aportan realmente valor los mercados privados?

La respuesta: a veces — pero solo para quienes hacen bien los fundamentos.

Público vs. privado: el problema de la comparación

PitchBook recuerda que comparar mercados públicos y privados es intrínsecamente difícil. Los activos públicos cotizan a diario, con rendimientos ponderados por tiempo y transparentes. Los activos privados son ilíquidos, desfasados y sujetos al suavizado de tasaciones: sus TIR (IRR) suelen verse mejor de lo que son.

Para una comparación justa, los analistas modelaron carteras realistas que comprometen capital gradualmente en fondos privados, reinvierte internamente las distribuciones y comparan la rentabilidad total frente a un benchmark 100 % público. También ajustaron el apalancamiento y los descuentos sobre el NAV para aproximar el riesgo económico real.

Este enfoque ofrece la visión de un verdadero asignador, no una diapositiva de marketing.

Buyouts (PE): gran desempeño — pero impulsado por el apalancamiento

En las simulaciones, los buyouts fueron los mejores, con +0,64 % anual de exceso de retorno, y menor volatilidad que la referencia pública 60/40. Sobre el papel, un trade-off excelente.

Sin embargo, cuando la referencia pública se ajustó a un apalancamiento equivalente —ya que los fondos de buyout suelen usar ≥ 50 % de deuda—, gran parte del exceso se evaporó. En 40 % de las corridas, no hubo ventaja frente a un portafolio público apalancado.

Mensaje claro: los fondos de buyout no superan por sí mismos; amplifican el desempeño mediante apalancamiento y estructura. Para institucionales puede tener sentido (apalancamiento controlado, diversificado y a menudo acrecitivo). Para inversores privados, combinar iliquidez + riesgo de apalancamiento no siempre compensa la complejidad adicional.

Deuda privada: el “performer” silencioso

La deuda privada generó ganancias estables — +0,57 % anual de exceso, con volatilidad similar a la de los mercados públicos. Incluso tras ajustar por apalancamiento, los resultados permanecen positivos.

No obstante, es una clase cíclica. Quienes entraron antes de la crisis financiera global sufrieron; las carteras posteriores se beneficiaron ampliamente cuando los bancos se replegaron y los prestamistas privados cubrieron el hueco.

Idea clave: la deuda privada brilla en mercados dislocados. Aporta prima de rendimiento y protección a la baja cuando el crédito escasea —condiciones que pueden reaparecer con tipos altos.

Venture capital: alta recompensa, alto riesgo, alta dispersión

Ninguna clase expone tanto la importancia de la selección del GP como el venture capital. En 100 simulaciones, la asignación media en VC quedó por debajo en –1,21 % anual, con volatilidad del 16,1 % vs. 11,4 % en públicos.

Ese promedio oculta una verdad dura: los resultados del VC siguen una ley de potencias. Pocos fondos —a menudo los mismos GPs de élite— concentran la mayoría de las ganancias. PitchBook halló que solo 2 de 100 carteras simuladas en VC lograron exceso positivo. El resto rindió por debajo del Nasdaq 100, que ya ha capturado gran parte del upside de innovación que los inversores buscan en VC.

Principio esencial: en VC la selección del GP no solo importa — lo es todo. Acceder a managers top-quartile (p. ej., Sequoia, Andreessen Horowitz, Accel) puede marcar la diferencia entre capitalizar al 20 % anual o apenas seguir al S&P 500. Sin ese acceso, el VC se parece más a un boleto de lotería. Para inversores privados —sobre todo vía vehículos amplios o feeders “democratizados”— el riesgo de dispersión es enorme.

Inmobiliario privado: menos volatilidad, menos retorno

El inmobiliario no cotizado redujo ligeramente la volatilidad del portafolio, pero no mejoró los retornos. En promedio, la asignación restó –0,29 % anual, aunque la volatilidad des-suavizada cayó por debajo de la de los REITs.

El desempeño fue muy dependiente del ciclo: asignaciones pre-2008 salieron mal; los vintages post-2010 resultaron aceptables. Para instituciones que buscan series más suaves y diversificación, el inmobiliario privado sigue teniendo sentido. Para privados que persiguen mejora de retorno, el trade-off —menos liquidez y más comisiones a cambio de retornos ligeramente inferiores— es difícil de justificar.

El timing y el “vintage” importan

La simulación deja claro que cuándo inviertes es tan importante como en qué inviertes.

Empezar en 2010 (tras la GFC) habría mejorado notablemente los resultados de la mayoría de estrategias:

  • Buyouts: +0,53 % más de exceso anual

  • Deuda privada: comenzar en 2000 capturó mejor el boom de crédito post-crisis

  • Venture capital: +0,61 % al evitar los vintages de la era dot-com

  • Inmobiliario: +0,77 % al esquivar la burbuja pre-crisis

La exposición por vintage define la experiencia del inversor: el pacing de compromisos y el diseño del programa a largo plazo son críticos. Volcar capital en fondos privados durante fases de euforia congela vintages débiles por años.

El factor GP: el decisor de valor

En todas las clases predomina un tema: la selección del GP es el principal motor del desempeño en mercados privados.

Los datos de PitchBook lo evidencian implícitamente. La brecha entre cuartil superior e inferior en Private Equity o VC puede superar los 1.000 pb anuales. Incluso en deuda privada e inmobiliario la dispersión es significativa.

¿Por qué? Porque los mercados privados son idiosincráticos y opacos. No existen equivalentes pasivos. Cada fondo es una decisión activa —de estrategia, origen de deals, apalancamiento y ejecución. El éxito depende de la disciplina del GP al desplegar capital, gestionar riesgos y salir.

Para asignadores con recursos para due diligence profunda y acceso a GPs top, los mercados privados pueden efectivamente “valer la pena”. Para los demás, el resultado medio, tras comisiones, carry y costes de iliquidez, suele ser mediocre.

En esencia: los mercados privados premian la habilidad de selección, no la asignación ciega.

Inversores privados y el auge de las plataformas “feeder”

Para grandes endowments y pensiones, la tesis se mantiene: tamaño, paciencia y acceso permiten capear ciclos y capturar alfa inaccesible en otros lugares.

Para inversores privados, la ecuación ha sido históricamente más difícil:

  • Acceso limitado a GPs top-quartile

  • Altas comisiones y capas adicionales de fondos de fondos

  • Largos lock-ups con poca liquidez

Eso está cambiando rápido. Una nueva generación de plataformas feeder/de acceso emerge como asignador de facto de activos privados para privados y family offices. Actúan como guardianes institucionales: due diligence rigurosa de GPs, compromisos con fondos top-quartile y pooling de capital para entrar en managers de alta calidad antes vetados.

Las mejores también cuidan el alineamiento de comisiones. Al minimizar capas de coste —a veces –50 % a –70 % frente a estructuras tradicionales de FoF— crean un modelo que sirve más al inversor que al intermediario.

En síntesis, estas plataformas se están convirtiendo en el puente entre capital institucional y capital privado. Para family offices e inversores sofisticados, asociarse con una plataforma feeder reputada puede replicar muchas ventajas institucionales: acceso, diversificación y escala.

No elimina todos los riesgos —timing y dispersión entre gestores siguen importando—, pero por fin brinda a los inversores privados una oportunidad realista de lograr resultados de nivel institucional en mercados privados.

Entonces… ¿valen la pena los mercados privados?

Los datos de PitchBook llevan a una conclusión matizada pero firme:

Los mercados privados pueden mejorar una cartera —pero no de forma universal ni automática.

  • Buyouts y deuda privada pueden mejorar retorno y perfil riesgo-retorno con gestores de alta calidad y pacing sensato.

  • Venture capital ofrece upside extraordinario, pero solo con acceso a GPs top y tolerancia a la volatilidad.

  • Inmobiliario aporta estabilidad, pero rara vez alfa.

  • Timing, selección del GP y acceso pesan más que la elección de la clase de activo.

Para institucionales e inversores privados sofisticados que entienden estas dinámicas —o se asocian con plataformas feeder sólidas y alineadas—, los mercados privados siguen siendo una herramienta valiosa. Para los demás, los mercados públicos líquidos, transparentes y de bajo coste suelen ofrecer los mejores resultados a largo plazo.

En otras palabras: los mercados privados valen la pena — pero solo si te ganas tu ventaja.

Fuente: PitchBook, «Allocator Solutions: Are Private Markets Worth It?», T4 2025.